Ya se han trasformado en parte del paisaje urbano de nuestras ciudades, son los artistas callejeros de los semáforos, quienes entregan sus rutinas a cambio de algunas monedas, aunque para ellos no sea un trabajo, sino casi un estilo de vida.
El ruido de la gente llegando al sitio de la actuación inunda el ambiente, el artista respira profundo y recoge sus utensilios mientras espera para aparecer en escena; de pronto, el movimiento de las personas cesa progresivamente y con una decidida caminata, el artista se sitúa frente a su público, al mismo tiempo que una luz roja anuncia el comienzo de la sorpresiva función. De esta manera, el show de uno de los tantos malabaristas callejeros ha comenzado.
Como una moda ascendente, ya son cientos los jóvenes que a lo largo de nuestro país se han tomado las calles para ganarse unos pesos a base de las más distintas disciplinas circenses, como son el malabarismo de palitroques y pelotas, el dominio del diabolo, la mímica y otras técnicas acrobáticas como piruetas y saltos. Con vestimentas simples y harta paciencia, realizan una y otra vez sus cuidadas rutinas, que a veces resultan novedosas y otras no tanto, pero que coinciden en un mismo fin y no es otro que ganar algo de dinero para sus estudios y en algunos casos, para vivir.
En su mayoría, los jóvenes artistas de semáforos lucen un perfil aventurero y una personalidad libre, además de una calma envidiable y un aura de felicidad constante, que contrasta con sus escenarios urbanos, que siempre están llenos de ruido y ajetreo. Para ellos, el tiempo parece no ser una preocupación, ya que para muchos de estos talentos circenses urbanos lo que hacen con cada cambio de luz no es un trabajo, sino un verdadero estilo de vida.
Jóvenes pertenecientes a una nueva tendencia
Los artistas callejeros de semáforos son en su mayoría jóvenes y de formación autodidacta, es decir, que las técnicas del malabarismo y piruetas las aprendieron por su cuenta y sin seguir ningún tipo de clase o formación especializada, detalle que los diferencia de los clásicos artistas circenses, quienes provienen casi siempre de un linaje familiar ligado al malabarismo y al circo.
Por esta razón, todos éstos jóvenes forman parte de una nueva generación de tendencia urbana mundial que revivió la tradición circense del tiempo de antaño, cuando las malabarismos y acróbatas se presentaban en plenas calles y plazas de las ciudades, ayudando a masificar una nueva tendencia, que le han dado nuevos colores y una nueva cara al arte circense.
Nuetras calles, sus escenarios
A pesar de que nuestras ciudades están llenas de esquinas con semáforos, los artistas conocen muy bien cuáles de ellos son los que les resultan mejores para sus actuaciones, y suelen ser los que concentran mayor cantidad de automóviles. Es así como en Santiago, las esquinas que se encuentran por las calles aledañas al río Mapocho son las que más presentan números de malabarismo y piruetas; le siguen las calles Bilbao, Diagonal Paraguay, Avenida Maipú y parte de la Alameda en su lado poniente.
Por su parte, Viña del Mar tiene como eje atractivo para los artistas los semáforos que están entre 15 y 1 norte por Avenida San Martín, así como los ubicados a lo largo de la Avenida 1 norte y él que se encuentra en la esquina de Avenida Marina con Calle Ecuador. La ciudad patrimonio de la humanidad de Valparaíso tampoco se queda atrás y aunque concentra menos actuaciones en semáforos, las avenidas Pedro Montt, Errázuris, Brasil, Francia y Argentina suelen ser puntos fijos cuando los artistas del malabarismo y las piruetas se quieren presentar.
“Hay de todo en la villa del señor”
Si bien, una tendencia entre los artistas de semáforos es la solidaridad y el compañerismo, lo que implica compartir las calles y esquinas, que los mismo definen como “lugares públicos y sin dueños”, existen algunos jóvenes que suelen ser “más celosos” con sus territorios y no dejan que otros ocupen lugares que sienten ganados por “antigüedad”.
Juan Pablo, malabarista de baquetas encendidas con fuego y que ocupa con regularidad las esquinas de las principales intersecciones de Villa del Mar, cuenta que en más de una ocasión jóvenes lo han tratado de expulsar agresivamente. “Una vez, unos locos me empujaron porque decían que ellos habían llegado primero a la esquina, yo como soy re piola me fui a otro lado. Me da lata que algunos no cachen que podemos ser todos amigos y trabajar juntos en buena”, dijo el talentoso malabarista de 24 años, quien sin empleo fijo se gana la vida honradamente a base de puro talento.
A pesar de su experiencia, Juan Pablo dice que esos tipos de artistas de callejeros son los menos y que pronto no se vuelven a ver más, porque para ellos lo de ser artistas de semáforo es solamente una manera de ganar dinero fácil y no un estilo de vida, como es para la mayoría, por lo que luego de un tiempo se aburren y se van.
Esta ausencia de egoísmo con las calles, fue algo que debieron poner a prueba los artistas callejeros que cultivaban las artes circenses cuando aparecieron nuevos jóvenes buscando ganar también algo de dinero y que no lo hicieron de la mano del malabarismo como sus antecesores, sino que con las nuevas tendencias de piruetas salidas de una más actual cultura popular internacional: “Los cheerleaders y los break dancers”.
Si bien ambas nuevas propuestas tuvieron en su momento el factor novedad a su favor, como explica el propio Juan Pablo, quien practica el malabarismo hace ocho años, “es re fácil hacer vueltas y saltos por monedas, y hasta es re divertido, pero los locos se aburren rápido y no duran mucho, porque estar en la calle igual cansa. Yo no hago atados y si les va bien, bacán, porque hay espacio para todos”.
Como una moda ascendente, ya son cientos los jóvenes que a lo largo de nuestro país se han tomado las calles para ganarse unos pesos a base de las más distintas disciplinas circenses, como son el malabarismo de palitroques y pelotas, el dominio del diabolo, la mímica y otras técnicas acrobáticas como piruetas y saltos. Con vestimentas simples y harta paciencia, realizan una y otra vez sus cuidadas rutinas, que a veces resultan novedosas y otras no tanto, pero que coinciden en un mismo fin y no es otro que ganar algo de dinero para sus estudios y en algunos casos, para vivir.
En su mayoría, los jóvenes artistas de semáforos lucen un perfil aventurero y una personalidad libre, además de una calma envidiable y un aura de felicidad constante, que contrasta con sus escenarios urbanos, que siempre están llenos de ruido y ajetreo. Para ellos, el tiempo parece no ser una preocupación, ya que para muchos de estos talentos circenses urbanos lo que hacen con cada cambio de luz no es un trabajo, sino un verdadero estilo de vida.
Jóvenes pertenecientes a una nueva tendencia
Los artistas callejeros de semáforos son en su mayoría jóvenes y de formación autodidacta, es decir, que las técnicas del malabarismo y piruetas las aprendieron por su cuenta y sin seguir ningún tipo de clase o formación especializada, detalle que los diferencia de los clásicos artistas circenses, quienes provienen casi siempre de un linaje familiar ligado al malabarismo y al circo.
Por esta razón, todos éstos jóvenes forman parte de una nueva generación de tendencia urbana mundial que revivió la tradición circense del tiempo de antaño, cuando las malabarismos y acróbatas se presentaban en plenas calles y plazas de las ciudades, ayudando a masificar una nueva tendencia, que le han dado nuevos colores y una nueva cara al arte circense.
Nuetras calles, sus escenarios

A pesar de que nuestras ciudades están llenas de esquinas con semáforos, los artistas conocen muy bien cuáles de ellos son los que les resultan mejores para sus actuaciones, y suelen ser los que concentran mayor cantidad de automóviles. Es así como en Santiago, las esquinas que se encuentran por las calles aledañas al río Mapocho son las que más presentan números de malabarismo y piruetas; le siguen las calles Bilbao, Diagonal Paraguay, Avenida Maipú y parte de la Alameda en su lado poniente.
Por su parte, Viña del Mar tiene como eje atractivo para los artistas los semáforos que están entre 15 y 1 norte por Avenida San Martín, así como los ubicados a lo largo de la Avenida 1 norte y él que se encuentra en la esquina de Avenida Marina con Calle Ecuador. La ciudad patrimonio de la humanidad de Valparaíso tampoco se queda atrás y aunque concentra menos actuaciones en semáforos, las avenidas Pedro Montt, Errázuris, Brasil, Francia y Argentina suelen ser puntos fijos cuando los artistas del malabarismo y las piruetas se quieren presentar.
“Hay de todo en la villa del señor”
Si bien, una tendencia entre los artistas de semáforos es la solidaridad y el compañerismo, lo que implica compartir las calles y esquinas, que los mismo definen como “lugares públicos y sin dueños”, existen algunos jóvenes que suelen ser “más celosos” con sus territorios y no dejan que otros ocupen lugares que sienten ganados por “antigüedad”.
Juan Pablo, malabarista de baquetas encendidas con fuego y que ocupa con regularidad las esquinas de las principales intersecciones de Villa del Mar, cuenta que en más de una ocasión jóvenes lo han tratado de expulsar agresivamente. “Una vez, unos locos me empujaron porque decían que ellos habían llegado primero a la esquina, yo como soy re piola me fui a otro lado. Me da lata que algunos no cachen que podemos ser todos amigos y trabajar juntos en buena”, dijo el talentoso malabarista de 24 años, quien sin empleo fijo se gana la vida honradamente a base de puro talento.
A pesar de su experiencia, Juan Pablo dice que esos tipos de artistas de callejeros son los menos y que pronto no se vuelven a ver más, porque para ellos lo de ser artistas de semáforo es solamente una manera de ganar dinero fácil y no un estilo de vida, como es para la mayoría, por lo que luego de un tiempo se aburren y se van.
Esta ausencia de egoísmo con las calles, fue algo que debieron poner a prueba los artistas callejeros que cultivaban las artes circenses cuando aparecieron nuevos jóvenes buscando ganar también algo de dinero y que no lo hicieron de la mano del malabarismo como sus antecesores, sino que con las nuevas tendencias de piruetas salidas de una más actual cultura popular internacional: “Los cheerleaders y los break dancers”.
Si bien ambas nuevas propuestas tuvieron en su momento el factor novedad a su favor, como explica el propio Juan Pablo, quien practica el malabarismo hace ocho años, “es re fácil hacer vueltas y saltos por monedas, y hasta es re divertido, pero los locos se aburren rápido y no duran mucho, porque estar en la calle igual cansa. Yo no hago atados y si les va bien, bacán, porque hay espacio para todos”.
Y así como primero empezaron malabaristas, y se agregaron jóvenes que hacían piruetas, cada día se irán sumando más y más números y jóvenes a estos improvisados escenarios, llenando de novedad y talento las calles de nuestras ciudades, demostrando que la historia de los artistas de semáforo en las principales urbes del mundo, recién está comenzando.
2 comentarios:
Raúl: para la prueba e cátedra quiero un reportaje, que debes llevar impreso a la hora de la clase, el 13.
El tema es el medio siglo de "En el camino" de Jack Kerouac. Quiero un resumen del libro, datos de su autor, una descripción de la "Generación Beat" y, lo más relevante, una valoración de su aporte literario, esto último por medio de una entrevista a un narrador o crítico o lo que sea. Por ejemplo, Marcelo Novoa o Alvaro Bisama, ambos residentes en Valparaíso.
Raúl:
Te aviso que hoy no puedo ir a la clase, pero sí te encargo lo siguiente, para el reportaje sobre la nueva canción chilena y lo que de ella queda (Romina tiene más datos). La idea es que vayan a la Feria del Disco a preguntar por las ventas de eso y el perfil de los compradores, y sondear qué tanto saben los mismos vendedores.
El profe
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